Día de erecciones
Hoy es día de erecciones... y es que yo, políticamente, me masturbo.
Hoy es día de erecciones... y es que yo, políticamente, me masturbo.
Este es un aviso para aquellas personas que crean que la zona azul es cara, pues no saben que la zona azul grana lo es aún más, exactamente cuesta ciento sesenta euros la hora. Pues bien, como en fin de semana la zona azul es gratuita en Barcelona, el sábado veintiocho de octubre aparqué sobre las cinco de la tarde en la calle que está justo al lado del hotel Princesa Sofía. Para mi sorpresa, cuando llegué una hora más tarde, mi coche ya no estaba. Mi primer impulso fue pensar que me habían robado el coche, aunque después de preguntar a un guardia urbano que estaba por la zona me di cuenta de que tampoco iba tan mal encaminada, mi coche se lo había llevado la grúa municipal. Sí, se ve que “Los días de fútbol”, según rezaba un minúsculo recuadro adherido al cartel indicador de la zona azul, no se puede estacionar en esa calle. Entonces yo me hice una reflexión a mi misma, ¿Es que ahora tenemos tres colores distintos de zonas de estacionamiento en la ciudad? ¿Acaso el Barça ha adquirido los derechos sobre estas? Y si no es así, ¿Me devolverán el dinero de la multa?
Escrito por mi hija mayor y remitido a "La Vanguardia" dónde no sabe si lo publicarán. No puedo por menos que solidarizarme con ella y refrendar punto por punto lo que dice en su denuncia.
Le dijeron que aquél reloj de arena tenía propiedades mágicas. Cuando lo adquirió en una tienda de antigüedades de Piccadilly Circus, el propietario le dio las instrucciones no escritas. “Si consigue que la arena vaya en sentido contrario de donde tiene que depositarse, controlará su tiempo” le explicó.
Eso hacía día tras día intentando recuperar sus momentos perdidos. Giraba el reloj y pedía, en un esfuerzo mental imposible, que la arena fuese hacia arriba pretendiendo que volviesen los días en que perseguía el amor colegial de una quinceañera de profundos ojos negros a la que veneraba en silencio. Ella nunca se enteró de esa pasión infantil ni tampoco cuando se convirtió en amor adulto. Él jamás le confesó su devoción. Y pasó lo que suele pasar en esas situaciones. El silencio se convirtió en distancia y ésta dio paso al olvido, pero no para él que siguió amándola. Ahora, a sus cuarenta años, supo que ella se había divorciado y creyó que había llegado su oportunidad. Pero en vez de ir a buscarla prefirió confiar su suerte al sortilegio del reloj de arena. No funcionó.
Llegó a creer que el tiempo era la arena y que sólo la controlaría si la cogía entre sus manos para hacerla caer a su antojo. Cuando tuvo la arena en sus manos se le escabulló como agua entre sus dedos y vino otro tiempo futuro en el que le envolvía la oscuridad. Tuvo miedo y se puso a correr tratando de zafarse de las tinieblas sin darse cuenta que, por fín, había llegado al tiempo en que ya no había Tiempo.
- Voy a empezar a hacer Tai-Chi…
- ¡Estupendo! Te va a ir fantástico el ejercicio.
- Y me he comprado un ordenador…
- ¡Ya era hora que lo hicieses! Hoy día el ordenador es imprescindible en casa. Es como un electrodoméstico más.
- para conectarme a Internet.
- ¿Y eso por qué?
- Pues porque quiero chatear…
- ¡¡Mamá que tienes 84 años, por favor!!
- ¡¡83, que siempre me pones más años de los que tengo!!
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Una viejecita de más de 80 años, muy coqueta ella, entra en una farmacia.
- Por favor ¿tienen anestésicos?
- Si señora.
- ¿Y tienen antirreumáticos?
- Si señora.
- ¿Y tienen Viagra?
- Si señora.
- ¿Tienen crema contra las arrugas?
- Si señora.
- ¿Tienen también pomada para las hemorroides?
- Si señora.
- ¿Y por casualidad tienen somníferos?
- Siiiii señoraaaa!
- ¿Tienen productos para la memoria?
- Por supuesto señoraaaaaaaaaa!
- ¿Tienen Uds..........?
- Por favor señora, esto es una farmacia y aquí tenemos todos los productos que Ud. pide. Dígame ¿cuál es su problema?
- Mire, lo que pasa es que me voy a casar con mi amigo Celestino que va a cumplir 95 años a fin de mes y queremos saber si podemos hacer aquí nuestra lista de bodas.
...Y mientras todo esto ocurría, sonaba una bonita canción
Con mi agradecimiento a Abril por su aportación
En cuanto las palabras que te había destinado dejen de navegar por el océano de mis lágrimas, tal vez rescate alguna que no se haya ahogado en la vorágine de sentimientos que desencadenaste. Y es que quiero decirte que no hay nada mas sublime, no hay nada más prodigioso como verse desnudos en la coherencia de las emociones.
Ahí lo tenéis. Él es el culpable. Ni ZP, ni catalanes, ni vascos, ni gallegos son los que han condenado a este País a la ruptura, a la parcelación. El culpable de esa sedición es él. Fernando Alonso que ha conseguido dividir España en dos. Sus partidarios, "los alonsistas" y a los que les gusta la Fórmula Uno. ¡ Viva Francia ! ... ¿o era Inglaterra?.
Ella dice:
Estoy asombrada de tu capacidad de crear.
E.L. dice:
Pero si no digo más que tonterías. Ya me dirás lo de los calzoncillos… y el estado civil… Es una auténtica gilipollez...
Ella dice:
No....dices cosas a veces impactantes...en un estilo muy bueno y eres original. Leí lo de vestuario de caballeros… y sí es cierto que ocurre lo que cuentas. Nosotras, por ejemplo, a veces no nos depilamos o usamos ropa interior desastrosa para no ligar una noche o porque no estamos con pareja estable. Y la comida de una soltera es delatora en la caja del super… Fue divertido, en serio. Pero no puedes escribir todos los días, no es algo mecánico, cielo, es lo que me asombra de ti.
E.L. dice:
Pues no estoy contento con lo que escribo. Sé que no acabo de poner... el corazón.
Ella dice:
No sé si es bueno poner el corazón en un blog… ¿lo es?
E.L. dice:
No lo se... pero muchas veces me siento maniatado.
Ella dice:
¿La inocencia perdida?
E.L. dice:
Si, algo parecido.
Ella dice:
Estás perdiendo espontaneidad. No tú, el blog, supongo que por los compromisos adquiridos: yo te leo, tú me lees, ambos nos contestamos. Si me equivoco me chillas.
E.L. dice:
Ahí está. Algo de eso hay.
Ella dice:
Entonces sé rompedor y no tan amable todo el tiempo con todos. Una sugerencia, digo.
E.L. dice:
Lo intento... la melaza me empalaga y me aburre soberanamente.
Ella dice:
Pero te deshaces en besos, querido. Y las féminas igual. Vale, te prometo que seré pérfida cuando te critique.
E.L. dice:
Y algo morbosa ¿de acuerdo?
Ella dice:
También.
¡Por mucho que insistáis conmigo no vais a conseguirlo! ¡Por más que me hagáis creer que soy único, que sin mi es imposible, no lo lograréis! ¡No os servirán de nada vuestras alabanzas, vuestros mimos, vuestras bellas palabras! No me moveré un ápice de lo que pienso, quiero y siento. Aunque ahora parezca que bailo al sonido de vuestros cantos de sirena y me doblego a ellos, mi sonrisa es pura fachada. Y es que, por mucho que me digáis que el trabajo dignifica, no me creo esa monserga. Prefiero tener una vocación innoble.
Curiosa es la carrera que libramos cuando hacemos el amor, ya que justo al llegar a su culminación empezamos a correr. La victoria en el amor no nos produce satisfacción, es ganar la meta juntos lo que nos provoca un mayor placer. Aunque el sublime gozo viene al acabar tan particular contienda en el que te sientes, a la vez, vencedor y vencido.
El águila extrañada de ver un caracol cerca de su nido situado en los más alto de la montaña le preguntó:
- ¿Cómo un ser tan insignificante como tú ha podido llegar hasta lo más alto de la montaña?
A lo que el caracol le respondió:
- Muy sencillo, arrastrándome
(Fábula)
En el desfile del día de la Hispanidad de hace ahora tres años, EEUU junto con Gran Bretaña y España, estaban en guerra con Irak y, para protestar por esa injusta guerra, el entonces jefe de la oposición, Rodríguez Zapatero, no se levantó al paso de la bandera de los EE.UU. Entonces el presidente americano era Bush y el británico Blair. Las imágenes se difundieron "urbi et orbe" por todas las televisiones nacionales y extranjeras.

En el desfile del día de la Hispanidad de ayer día 12 de octubre de 2006, EE.UU. y Gran Bretaña, siguen en guerra con Irak y el presidente de una y otra nación son los mismos que hace tres años. Sin embargo al presidente de este País (España) esa guerra le debe parecer menos injusta ya que ayer rindió pleitesía a la bandera de los EE.UU. Pero hay una diferencia. Esta vez, la cadena pública de televisión española, no ofreció imágenes del prócer.
Hechos que podríamos calificar como divinos están sucediendo estos días en la Administración Rodríguez Za-cayuco, antes Rodríguez Za-patero. La citada Administración ha llegado a un acuerdo con la Conferencia Episcopal para incrementar hasta un 0,7% el porcentaje que recibe la Iglesia del IRPF para todos aquellos contribuyentes que pongan una cruz (en aspa, no en cristo) en la casilla correspondiente de su declaración del Impuesto. No entiendo el porqué un estado cuya constitución lo declara laico, debe subvencionar a una confesión religiosa a través de los presupuestos generales del Estado. Este hecho, por sí solo, podría no significar más que un estira y afloja entre dos poderes que buscan financiación extra para perpetuarse en el mismo, pero es que ha venido acompañado de otros signos que me hacen pensar que quizás se esté obrando un hecho celestial con la actual Administración. El presidente de ésta, paralelamente a alcanzar un acuerdo con la Iglesia española, ha hecho un encendido elogio del máximo representante de la cosa divina católica, a la sazón, Benedicto XVI diciendo de él que es una persona muy culta. La verdad es que, viniendo de quién viene, y conocida la indigencia intelectual del actual presidente español, no deberíamos darle mayor crédito a esas declaraciones pero es que hay más señales que nos indican que algo sobrehumano está ocurriendo en la Administración Za-cayuco. El jefe del ejecutivo ha “tomado nota” de las críticas a Benedicto XVI del anterior titular en la presidencia del gobierno, José María “Ansar” y todo porque éste dijo que el Papa había estado muy suave en sus diatribas contra el mundo islámico. Y es que, en definitiva tal y como dice el refrán, “Dios los cría y ellos se juntan”. Literal, oiga.
Érase una vez un tipo muy vago, de aquellos que no tenían ni oficio ni beneficio, como Marichalar más o menos, y que sólo podía caerse muerto en casa de sus padres donde vivía. Estos estaban hartos de decirle que ya era hora que a sus treinta y cinco años se pusiese a hacer algo remunerado en la vida y se fuese de casa. Tan cansados estaban de cuidarse de él, que se murieron a los solos efectos de echarlo del hogar. Cuando se quedó huérfano y desahuciado y gracias a que la madre naturaleza se comportó de manera más que generosa en los atributos sexuales de Ceniciento, pudo refugiarse en un lupanar de las afueras de la ciudad dónde las señoras (y algún que otro señor), entradas en años, carnes y, sobre todo, dineros, iban a retozar con jovencitos y no tan jovencitos. Allí es dónde le empezaron a llamar “Ceniciento” ya que aquél lugar era uno de los pocos trabajos a techo cubierto de la ciudad, donde existía una zona para fumadores. A él le pusieron un catre al lado de ese sector del prostíbulo, con lo que todo el humo y la ceniza le iba a parar cubriéndole el cuerpo. Y claro, como no era muy dado a acicalarse, Ceniciento siempre estaba lleno del polvillo gris que pululaba en el ambiente.
El lugar estaba regentado por una viuda con dos hijos, tanto o más vagos que el personaje de nuestra historia, que no hacían más que comerse los beneficios que el negocio del sexo distraído reportaba a la madame. Así que ésta, muy saturada de sus dos hijos, no veía el día de librarse de ellos y largarlos fuera de casa. Al contrario de los que fueron padres de Ceniciento, la empresaria del burdel no tenía ganas de fallecer para echar a sus descendientes del domicilio.
Un día corrió el rumor por la ciudad que la reina de aquél país organizaba una orgía y quería invitar a los jóvenes (y no tan jóvenes) más depravados del reino. No era algo nuevo pues de todos los ciudadanos era conocida la bisexualidad del marido de la soberana y el morbo que le causaba organizar tríos con ésta en los que el tercer componente siempre era un hombre. También se sabía que los monarcas adoptaban mancebos en palacio si el amontonamiento sexual era de su agrado. Así que la viuda propietaria de la casa de trato vio una magnífica oportunidad para desembarazarse de sus dos hijos.
- Tú Ceniciento, no irás -dijo la empresaria sabedora de su enorme pene capaz de eclipsar a sus hijos, menos dotados-. Te quedarás en casa atendiendo a doña Clotilde que tiene una urgencia libidinosa.
Doña Clotilde era, como su propio “doña” indica, una vieja de más de ochenta años que había enviudado hacía uno de un rico constructor que, además de poner cemento en los edificios que construía, lo había puesto a la entrada de la cueva del deseo de doña Clotilde. Esta, al morir su marido, decidió que gastaría toda su fortuna en romper aquél cemento y para ello se había recorrido todos los antros de lenocinio del País en busca de su particular peón de derribos. El plan de la viuda empresaria cabreó muchísimo a Ceniciento pues sabía que con doña Clotilde era incapaz de mantener una erección y tenía que recurrir a otros medios artificiales para el solaz de la anciana cuya preparación, para un indolente como él representaban un auténtico engorro.
Llegó el día de la orgía y Ceniciento angustiado vio partir a la viuda y a sus hijos hacia el Palacio Real. Cuando se encontró solo en la habitación poniéndose un tanga ajustado, no pudo reprimir sus improperios.
- ¡¡Hay que joderse!! ¡Como no se me levante la vieja no me va a pagar un puto euro! –exclamaba una y otra vez-
De pronto se le apareció su diablo protector.
- No te preocupes -exclamó el diablo-. Se te levantará y la vieja te cubrirá de papel moneda. Tendrás tantas erecciones que no te quedará más remedio que ir a la orgía de palacio para seguir satisfaciendo a quién se te cruce por delante. Pero hay dos condiciones. La primera es que tendrás que ponerte este preservativo de propiedades mágicas –le extendió algo parecido a un enorme globo- y que cuando el reloj de Palacio dé las doce campanadas tendrás que regresar sin falta, porque el condón perderá todas sus propiedades.
Dicho y hecho. Ceniciento se puso la goma nada más aparecer doña Clotilde en el lupanar y automáticamente, su verga experimentó una firmeza que asombró a la anciana que no acababa de creerse aquél portento que, una y otra vez y sin descanso rompía los diques de protección de su seca laguna. Cuando llevaban el cuarto asalto en hora y media, doña Clotilde pidió la rendición a Ceniciento temiendo que las embestidas de éste acabasen no solo con el cemento, sino con su maltrecha construcción corporal. Tal y como había predicho el diablo protector, le soltó seis mil euros con la firme promesa, le dijo, de convertirlo en su favorito y guardarle un abundante legado en su testamento.
Ceniciento que seguía con el atributo más tieso que un palo mayor, se dirigió a Palacio a continuar su desahogo en el desenfreno allí organizado. La llegada de Ceniciento al Palacio causó honda admiración. Al entrar en la sala de la orgía, el rey y la reina quedaron prendados de la enorme protuberancia que cimbreaba bajo la capa de Ceniciento. Así que estuvieron copulando los tres toda la noche. Nadie lo reconoció, ni tan siquiera los hijos de la viuda empresaria del sexo que, como los demás “orgianos y orgianas” se preguntaban quién sería aquél joven tan superlativamente dotado.
En medio de tanto gemido, jadeo y encontronazos inguinales, Ceniciento oyó sonar en el reloj de Palacio las doce.
- ¡Me cagooooooeeeeeeeennnnnnnnlalechhhheeeee! ¡Tengo que irme! –exclamó con su delicado lenguaje-.
Como una exhalación atravesó el salón y bajó la escalinata perdiendo en su huída el condón mágico, que la reina recogió asombrada y muy molesta ya que la huida de Ceniciento se había producido a media cópula.
Para encontrar al poseedor de aquella verga tan enorme, los monarcas idearon un plan. Convertirían en favorito y gozaría de las prevendas reales, aquél que pudiera colocarse el preservativo mágico. Envió a sus heraldos a recorrer todas las casas de alcahuetería del Reino. Los mancebos se lo probaban en vano, pues no había ni una a quien le fuera bien la monumental goma.
Al fin llegaron al burdel donde vivía Ceniciento, y claro está que los hijos de la viuda en cuanto se probaron el condón, sus vergas parecían los hilos de una bombilla dentro de un enorme dirigible. Pero cuando se lo puso Ceniciento vieron con estupor que le estaba perfecto y que su pene adquiría una firmeza instantánea.
Y así sucedió que los monarcas se llevaron a palacio a Ceniciento convirtiéndolo en su único mancebo, no recordándose en el reino que celebrasen más orgías ya que no había necesidad de ellas. Los hijos de la viuda empresaria continuaron en casa de ésta atendiendo las necesidades de doña Clotilde hasta que esta pasó a mejor vida fruto del desconsuelo en el que la había sumido la pérdida del magnífico aparato de taladrar de Ceniciento. Y verderín verderado este cuento, se ha acabado.
La dispersión lleva a la confusión y éste al desorden, antesala del caos. Particularmente me resulta divertidísimo instalarme en el caos.
De nada servirá desligarme de los barrotes de la cama si sigo atrapado a tu sexo.
Y si algún día lograra escapar de él, tus palabras se colarían por mis oídos trenzando finos hilos que enredarían mi cuerpo haciéndolo prisionero.
Y si, enfermo como estoy de ti, mis oídos no te escuchasen, tu alma se habría enraizado tanto en la mía, que haría imposible el que otra arraigase en mí.
Perderé mi alma para perderte a ti pero entonces mi vida vagará por siempre en el infierno.
Los sentimientos, incluso los más efímeros, no se pierden sino que los proyectamos al espacio viajando en el vehículo de los sentidos. Tan particular carruaje los transporta hasta el centro de la Tierra, donde se concentran transformándose para formar el núcleo.
Esa es la razón por la que la yema terrestre supera la temperatura del Sol…
El núcleo, en constante rotación, hace girar sobre sí misma a la Tierra. Incluso va más rápido que la corteza terrestre. Si se parase la Tierra no giraría y no habría día ni noche.
Ese es el motivo por el que los sentimientos, nuestras pasiones, mueven el mundo.
Sin emociones, la Tierra no sería y no habría nadie capaz de certificar la existencia del Cosmos.
Por eso tú que estás en el centro , eres quién nos hace sentir.
Soukaye e Ibrahim son los padres de Katy, una preciosa niña senegalesa que nacerá en el mes de mayo de 2007. Sus padres intentaron encontrar en Europa el futuro que en su País se les negaba. Arribaron a la playa de los Cristianos en Tenerife a finales de agosto en un cayuco que casi se convierte en su ataúd cuando sufrieron una tormenta en el viaje hacia “El Dorado” que creían, y creen, es Europa. Tuvieron suerte y, salvo el consabido principio de deshidratación y cansancio, llegaron sanos y salvos a España. Soukaye no sabía que estaba embarazada al iniciar el viaje. De haberlo sabido, no se hubiese embarcado en el cayuco ya que su deseo de ser madre estaba por encima de todo, incluso de carecer de futuro allá en Senegal. Los médicos que la atendieron en el centro de retención para inmigrantes de la isla le confirmaron el embarazo la semana pasada cuando, alarmada, Soukaye tuvo la segunda falta en la regla y lo adujo a un principio de desnutrición. Ellos están convencidos que tendrán una niña, que llenará su vida de alegría. Además, ahora piensan, que cuando se arregle su situación en España, encontrarán trabajo, él recolectando fruta en el campo, ella de doméstica o cosiendo, que se le da muy bien. Ganarán suficiente dinero, para que su niña pueda ir a la escuela y, cuando termine los estudios, encontrar un trabajo en este País tan acogedor y de gentes tan amables. Ibrahim y Soukaye, no conciben otra vida que no sea la vivida con esfuerzo y el compromiso del trabajo. No en vano se lo inculcaron sus padres allá en la aldea, “el trabajo dignifica” les repetían una y otra vez. No obstante su alegría se ha ensombrecido cuando un funcionario, les ha anunciado su repatriación en las próximas semanas. “Aquí ya no cabe nadie más. No hay suficientes recursos para todos”, les dijeron. Él en su escaso entendimiento, no llega a entender muy bien porqué le dicen eso. Sabe que con el trabajo de su familia generará los suficientes recursos para vivir sin depender de nadie, sin depender del subsidio público, la caridad privada o la delincuencia. Además devolverán a la administración española, a través del pago de sus impuestos, el derecho a permanecer en este País. Pero claro, “no hay espacio para todos”.

Felipe y Leticia están esperando su segundo descendiente que nacerá también en mayo del año que viene. Felipe, el futuro padre, es el príncipe de Asturias por la gracia divina y porque a su padre, además de esa gracia, lo impuso un dictador. Será el futuro rey de España si una reforma constitucional o una impensable revolución no lo impide antes. Leticia, la futura madre, es periodista y princesa de Asturias porque supo excitar a la gracia divina convenientemente. Se convertirá en reina de España por derecho de pernada y haya o no reforma constitucional o revolución. No trabajan como tampoco lo harán sus hijos e hijas. Para ese oficio no hace falta doblar el espinazo sino, curiosamente, que lo doblen ante ti. A pesar de todo eso siempre hay recursos para ellos. Los mejores, los más exclusivos. Para Felipe, Leticia y sus descendientes, los que sean, si que hay espacio, en los metros cuadrados de su vivienda podrían vivir cincuenta familias como la de Soukaye, Ibrahím y la pequeña Katy que contribuirían al progreso de nuestro País. Y nosotros, habitantes de España, nos alegramos de la llegada del nuevo heredero y seguiremos diciendo y, lo que es peor, creyendo que somos un País generoso.
Una vez por semana me gusta darme una sauna y luego meterme en el jacuzzi. Después del ejercicio en el gimnasio el baño turco y el de burbujas me dejan en un dulce estado de relajación, tanto, que casi me quedo dormido en la plataforma del jacuzzi. Pero eso me plantea dos problemas. Que no puedo darme el baño desnudo y a mi me gustan los bañadores anchos. Me explico. No puedo ponerme en pelotas porque, la piscina donde están los chorritos que agitan el agua, es compartida por varones y hembras y, claro, quedaría indecoroso que en la piscina de un gimnasio pijo no se pudiesen lucir los trajes de baño de marca. Así que opté por un meyba azul marino muy resultón. Pero, claro, en ese tipo de bañadores las burbujas campan a sus anchas y, estirado en la plataforma en estado casi catatónico, conforman un bulto que podría interpretarse erróneamente. Sin ir más lejos, el miércoles pasado, estaba en mi púlpito dejándome acariciar por las pompas de agua cuando, al entreabir los ojos, vi que dos señoras miraban con cierto interés mi entrepierna donde, el volumen de la bolsa que se había formado, era considerable. A mi esa situación me da mucho corte y he decidido que para desapercibido, la próxima vez me pondré un bañador ajustado a los muslos donde no puedan penetrar los globos de agua y evitar protuberancias. Seguro que con éste que me he comprado no llamaré la atención.
Lleva ocho años casada. Su medio ambiente familiar lo conforman dos hijos del matrimonio, Pau y Mireia, de 5 y 3 años, preciosos y alegres, Joan, su marido, joven y atractivo, jefe del departamento de informática de una de las empresas más importantes del País, dónde la plena dedicación y el salario van en justa consonancia y ella, que estudió económicas, pero que acabó con un trabajo a tiempo parcial como contable en una inmobiliaria que tuvo la suerte de encontrar a cinco minutos de su casa. A pesar de eso, a Anna no le importa ya que su trabajo le permite encargarse de los niños cuando regresan del colegio por las tardes, amén de poner orden en las actividades domésticas ayudada por Ruth, una empleada de hogar de lo más eficiente. En ese apacible entorno transcurre la vida de Anna, una mujer de 36 años. Salud, una posición económica familiar sin grandes aprietos y la existencia de amor, hacen que podamos decir que Anna, además de estar casada, lo esté felizmente.
En eso debe estar pensando ella, cuando en el silencio de la soledad de la casa que le proporciona la tregua de la guerra hogareña que va, desde que acuesta a los niños y la espera de la llegada del trabajo de su marido, se sienta ante la pantalla del ordenador, con aspecto que el espejo del comedor le ha revelado desaliñado y aún con la bata de preparar cenas infantiles y poner cacharros en el lavaplatos, para escribir en un lugar de contactos lo siguiente:
“Hola, soy una chica normal, algo gordita, casada y simpática. La verdad me gustaría saber si aún puedo estar en el mercado (jejeje) es una cuestión de autoestima nada mas… Un beso a todos y sobre todo, ser sinceros por favor”
A los políticos les encanta darse baños de multitudes en campaña electoral. No lo entiendo porque eso no les soluciona sus problemas de higiene.